Hay viviendas que impresionan por sus metros. Otras por su ubicación. Y después están las que consiguen algo mucho más difícil: hacer que olvides que estás en la ciudad.
Nada más entrar en esta propiedad, la sensación es de calma, luz y espacio. El verde aparece en cada ventana y las terrazas se convierten en una prolongación natural de las estancias principales. No son terrazas para mirar; son terrazas para vivirlas. Para desayunar entre árboles, trabajar al aire libre o terminar el día disfrutando de la tranquilidad que ofrece un entorno tan excepcional.
Ubicada en uno de esos enclaves residenciales que pasan desapercibidos incluso para muchos barceloneses, junto a los FGC, con amplia dotación de servicios y rodeada por una extensa masa vegetal, esta vivienda disfruta de una combinación difícil de encontrar: privacidad absoluta, conexión inmediata con la ciudad y una atmósfera que recuerda más a una residencia rodeada de naturaleza que a un piso en Barcelona.
Aunque registralmente se sitúa en una planta intermedia, la configuración del terreno y la orientación de la finca generan una percepción muy distinta desde el interior. La sensación es de estar mucho más elevado, con vistas abiertas, gran entrada de luz natural y una agradable desconexión visual respecto al entorno urbano.
Sus cerca de 400 m² han sido concebidos para quienes valoran los grandes espacios y la comodidad cotidiana. La zona principal gira alrededor de un amplio salón-comedor que fluye de forma natural hacia el exterior, creando una relación continua entre interior y terraza. Los espacios se suceden con naturalidad, permitiendo tanto la vida familiar como los momentos de intimidad.
La vivienda dispone de seis dormitorios y cinco baños, ofreciendo una gran versatilidad para familias numerosas, invitados, despacho profesional o espacios polivalentes. La suite principal se presenta como una auténtica zona privada, con salida al exterior, vestidor y un baño de amplias dimensiones.
La cocina, actual y funcional, ha sido diseñada para integrarse en el ritmo diario de la vivienda, complementada por una zona de servicio perfectamente resuelta.
La finca, de construcción elegante y carácter residencial, cuenta con conserjería, acceso directo mediante ascensor a las plazas de aparcamiento y un entorno ajardinado excepcionalmente cuidado que refuerza la sensación de exclusividad y discreción.
Una propiedad para quienes buscan algo más que una buena dirección: espacio, privacidad, naturaleza y la sensación de vivir en un lugar que muy pocos conocen, pero del que nadie quiere marcharse una vez lo descubre.
*Algunas de las imágenes que acompañan este anuncio son renders orientativos que muestran una posible propuesta de reforma.